← Guía

Precio de tratamientos

Qué influye de verdad en el precio del dorado, niquelado y cromado

Parecen tres tratamientos como tantos otros. En realidad cada uno esconde una maraña de variables que, si las llevas en la cabeza a ojo, tarde o temprano se te vuelve en contra.

Cualquiera que trabaje en un taller de galvanoplastia sabe dar un precio de dorado, niquelado o cromado. El punto no es saber cuánto cuesta en general: es que lo que incide en el precio del dorado, el niquelado y el cromado cambia de lote en lote, y las variables en juego son muchas más de las que puedes tener cómodamente en la cabeza mientras hablas por teléfono con el cliente. Aquí no encuentras un método para calcularlas: encuentras el mapa de cuántas son, y por qué equivocarte aunque sea en una sola te cuesta margen sin que te des cuenta.

Las variables que valen para los tres

Antes incluso de distinguir el tratamiento, hay factores que pesan sobre cualquier depósito galvánico. Ya los conoces, pero el problema no es conocerlos: es tenerlos todos juntos, coherentes, cada vez.

  • El espesor requerido. Un micrón de más o de menos no es un detalle: desplaza la cantidad de metal depositado y, con ella, el tiempo de baño. Un pliego que pide un espesor mínimo garantizado es otro mundo respecto a un valor indicativo.
  • La superficie real de la pieza. No la medida estimada a ojo, sino la efectiva a recubrir, que depende de la forma. Una pieza maciza, una hueca, una con geometrías complejas tienen superficies muy distintas a igualdad de dimensiones. Y la superficie es la base de todo lo demás.
  • La cotización del metal en el momento justo. En el oro, el platino, el paladio y el rodio el precio se mueve continuamente. Lo que presupuestas hoy no tiene por qué ser lo que pagas cuando la pieza entra en la cuba. Vale menos para el níquel, pero la lógica no cambia.
  • El número de piezas y el tamaño del lote. El mismo trabajo sobre diez piezas o sobre mil no es proporcional de manera trivial: cambian los preparativos, la saturación de los baños, los tiempos muertos. Y el error en una sola pieza se multiplica por todo el lote.
  • La mano de obra y la energía. Preparación, enmascarados, controles, más el consumo eléctrico del proceso. Partidas que tiendes a estimar en bloque y que, sumadas a lo largo de un año, marcan la diferencia entre una tarifa sana y una que erosiona el margen.

Ya así tienes media docena de palancas, cada una con su margen de error. Ahora añade que cada tratamiento tiene sus propias trampas específicas.

Dorado: donde el precio del metal manda

En el dorado el coste del metal precioso suele ser la partida más pesada, y es también la más volátil. Aquí los errores se concentran en dos frentes. El primero es la cantidad de oro efectivamente depositada, que depende de la física del depósito y no de una estimación intuitiva: es precisamente ahí donde las cuentas hechas a mano tienden a equivocarse, por lo general subestimando. El segundo es el momento en que fijas la cotización: si el presupuesto se queda parado unos días antes de ser aceptado, el precio del oro que tenías en mente puede ya no ser el de mercado.

Luego está el tipo de dorado: flash decorativo, espesor técnico, oro duro para contactos eléctricos. Son trabajos distintos, con requisitos distintos, y tratarlos con el mismo razonamiento a ojo significa perder dinero en algunos y quedarte fuera de mercado en otros.

Niquelado: el volumen que esconde el error

Con el níquel el metal pesa menos, y justo por eso se baja la guardia. Pero el niquelado se hace a menudo en grandes cantidades, y aquí el peligro es el efecto volumen: una desviación mínima por pieza, multiplicada por un lote grande y repetida en todos los encargos del año, se convierte en una suma que ya no es pequeña.

También cuentan el tipo de níquel y su función: capa base bajo otro depósito, barrera anticorrosión, acabado por sí solo. Cambian espesores, tiempos y controles. Y cuando el niquelado es solo la primera de varias capas, el precio correcto no es la suma de dos precios separados: es un cálculo combinado en el que es fácil contar dos veces lo mismo u olvidar una parte.

Cromado: acabados y pasos que multiplican las variables

El cromado trae consigo una variedad de acabados y ciclos que hacen que el número de casos se dispare. Cromo decorativo o funcional, brillante o satinado, capas finas a la vista o depósitos técnicos más importantes: cada uno tiene sus propios requisitos. Y a menudo no es un solo paso, sino un ciclo con varias fases previas, cada una con su coste y su tiempo.

El riesgo, aquí, es la fragmentación: muchas partidas pequeñas que, tomadas una por una, parecen insignificantes, pero que juntas forman el precio. Quien las estima en bloque pierde el control del margen real en ese tipo de trabajo, y se da cuenta solo en el balance real, cuando ya no puede corregir.

Muchas variables, una sola forma de equivocarse: de memoria

En resumen, cada presupuesto de dorado, niquelado o cromado reúne espesor, superficie real, cotización del metal actualizada, tamaño del lote, tipo de acabado, mano de obra y energía. En algunas piezas se añaden varias capas que hay que combinar. No es que sea difícil un factor a la vez: es que hay que tenerlos todos juntos, coherentes, actualizados y repetidos en cada encargo, durante años.

Y aquí está el verdadero problema. Ningún operario, por bueno que sea, tiene presentes todas estas palancas sin resbalar de vez en cuando. El resbalón no hace ruido: la pieza sale bien, el cliente paga, y el margen perdido queda invisible hasta que lo sumas a fin de año. La complejidad de estos tratamientos no es un defecto que se elimine a fuerza de experiencia: es estructural. Y es exactamente por eso que hace falta una herramienta que mantenga esas variables juntas en tu lugar, cada vez, sin olvidar ninguna.

Fija el precio justo, sin hacer cálculos a mano.

Quot hace el presupuesto galvánico por ti: la física correcta y las cotizaciones del día, en pocos minutos. Pruébalo 7 días con tus datos reales.